Creemos que la Biblia es verbalmente inspirada en cada palabra y en todas sus partes, la única infalible e inerrante palabra de Dios. (1 Corintios 2:7-14, 2 Ped. 1:20-21; 2 Tim. 3:16). Creemos que todas las Escrituras girán alrededor del Señor Jesucristo, en su persona y obra, y como consecuencia ninguna porción se lee y entiende correctamente sólo hasta que le conoce a Él.

Enseñamos que la Biblia es la única norma infalible de fe (Mat. 5:18; Juan 10:35; 16:12-13) y que toda ella fue designada para nuestra instrucción práctica (Lucas 24.27,44; Juan 5.39; Romanos 15.4; 1 Corintios 10.11; 2 Timoteo 3.16).

Creemos que no hay más que un Dios vivo y verdadero, un Espíritu infinito, que todo lo sabe. Sustentador y Gobernador de todas las cosas, perfecto en todos sus atributos, uno en esencia, que existe eternamente en tres personas – Padre, Hijo y Espíritu Santo- mereciendo adoración y obediencia cada uno por igual. (Deut. 6:4; Isa. 45:5-7; 1 Cor. 8:4; Juan 4:24; Mat. 28:19; 2 Cor. 13;14).

Creemos que Dios el Padre, la primera persona de la Trinidad, ordena y dispone todas las cosas de acuerdo a su propósito y gracia. Él es el creador de todas las cosas, gobernante absoluto y Omnipotente en el universo. ( Sal. 145:8-9; Sal. 103:19; 1 Cor. 8:6).

Creemos que Él salva del pecado a todos los que vienen a Él por medio de Jesucristo; que Él adopta como suyos a todos aquellos que vienen a Él; y que se convierte, al adoptarlos, en Padre de ellos. (Juan 1:12; Rom. 8:15; Gal. 4:5).

Creemos que Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad, posee todos los atributos divinos, y en éstos es igual a Dios, y coeterno con el Padre. (Juan 10:30; 14:9).

Creemos que Dios el Padre creó de acuerdo a su propia voluntad, a través de su Hijo, Jesucristo, por medio de quien todas las cosas continúan existiendo y operando.(Juan 1:3; Col. 1:15-17; Heb. 1:2).

Creemos que Jesucristo representa a la humanidad y deidad en una unidad indivisible (Miq. 5:2; Juan 5:23; 14:9-10; Col. 2:9).

Creemos que nuestro Señor Jesucristo nació de una virgen (Is.7:14; Mat. 1:23,25) que Él era Dios encarnado y que el propósito de la encarnación fue revelar a Dios, redimir a los hombres, y gobernar sobre el reino de Dios. ( Sal. 2:7,9; Is. 9:6; Juan 1:29; Fil. 2:9-11)

Creemos que nuestro Señor Jesucristo llevó a cabo nuestra redención por medio del derramamiento de Su sangre y de su muerte sacrificial en la cruz y que su muerte fue voluntaria, vicaria, sustitucionaria, propiciatoria, y redentora.(Juan 10:15; Rom. 3:24-25; 5:8; 1 Ped. 2:24).

Creemos que nuestra justificación es asegurada por su resurrección literal, física, de los muertos y que Él ahora, después de haber ascendido, está a la diestra del Padre, en donde ahora Él es nuestro mediador como abogado y sumo sacerdote.

Creemos que nuestro Señor Jesucristo regresará para recibir a la iglesia, la cual es su cuerpo, su novia.

Creemos que el Espíritu Santo es una persona divina, eterna, no derivada, que posee todos los atributos de personalidad y deidad, intelecto, emociones, voluntad (1 Cor. 2:10-13; Efe. 4:30; 1 Cor. 12:11) igual al Padre y al Hijo en todos los atributos divinos y en sustancia (Mat.28.19, Hech. 5:3-4; 28:25-26; 2 Cor. 13:14 y Jer. 31:31-34).

Reconocemos su actividad soberana en la creación (Gen. 1:2), la encarnación (Mat. 1:18), la revelación de Las Escrituras (2 Ped. 1:20-21), y en la obra de salvación (Juan 3:5-7), así como para iniciar y completar la edificación del cuerpo de Cristo, el cual es su iglesia.

El amplio espectro de su actividad divina incluye convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio; sólo Él trae nueva vida a aquellos que están espiritualmente muertos; glorificando al Señor Jesucristo y transformando a los creyentes a la imagen de Cristo.

El Espíritu Santo es también el dispensador de los dones espirituales dados a los creyentes para la edificación de la Iglesia, dones que están vigentes y operantes hoy en día como en la era de la iglesia primitiva.

Enseñamos que todos los que confían en Jesucristo son inmediatamente colocados por el Espíritu Santo en un cuerpo espiritual unido, la iglesia (1 Corintios 12:12-13), la novia de Cristo (2 Corintios 11:2; Efesios 5:23-32; Apocalipsis 19:7-8), de la cual Cristo es la cabeza (Efesios 1:22; 4:15; Colosenses 1:18).

Enseñamos que la iglesia es un organismo espiritual único diseñado por cristo, constituido por todos los creyentes que han nacido de nuevo (Efesios 2:11-3:6).

Enseñamos que la autoridad suprema de la Iglesia es Cristo (1 Corintios 11:3, Efesios 1:22, Colosenses 1:18) y que el liderazgo, dones, orden, disciplina y adoración son determinados por medio de su soberanía como se encuentra en las Escrituras. Las personas bíblicamente designadas sirviendo a Cristo a cargo de la asamblea son los ancianos (también llamados obispos, pastores (Hechos 20:28, Efesios 4:11) y diáconos. Tanto ancianos como diáconos deben de cumplir con los requisitos bíblicos (1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:5-9;1 Pedro 5:1-5).

Enseñamos que estos líderes guían o gobiernan como siervos de Cristo (1 Timoteo 5:17-22) y tienen Su autoridad al dirigir la iglesia. La congregación debe someterse a su liderazgo (Hebreos 13:7,17).

Enseñamos la autonomía de la iglesia local en relación a su gobierno y a su Fe, la cual es libre de cualquier autoridad externa o control, con el derecho de gobernarse a sí misma y libre de interferencias de cualquier jerarquía de individuos u organizaciones (Tito 1:5). Enseñamos que es bíblico que las iglesias verdaderas cooperen entre ellas para la presentación y propagación de la fe. No obstante, cada iglesia local, a través de sus ancianos y su interpretación y aplicación de la Escritura, debe ser el único juez de la medida y método de su cooperación. Los ancianos deben determinar todos los demás asuntos de membresía, políticas, disciplina, benevolencia, como también gobierno (Hechos 15:19-31; 1 Corintios 5:4-7; 13:1; 1 Pedro 5:1-4).

Enseñamos que, conforme a Romanos 13:1-6, el Señor ha instituido a las autoridades civiles para gobernar, juzgar y establecer el orden en los asuntos de los hombres, a las cuales la Iglesia y sus miembros están llamados a someterse, siempre que sus demandas no contradigan las enseñanzas y mandamientos de nuestro Señor Jesucristo (Hechos 4:18-20; 5:28-29).

Enseñamos que el propósito de la iglesia es glorificar a Dios (Efesios 3:21) al edificarse a sí misma en la fe (Efesios 4:13-16), al ser instruida en la Palabra (2 Timoteo 2:2, 15; 3:16-17), al tener comunión (Hechos 2:47; 1 Juan 1:3), al guardar las ordenanzas (Lucas 22:19; Hechos 2:38-42) y al extender y comunicar el Evangelio al mundo entero (Mateo 28:19; Hechos 1:8; 2:42).

Enseñamos el llamado de todos los santos a la obra del servicio (1 Corintios 15:58; Efesios 4:12; Apocalipsis 22:12).

Enseñamos que a la iglesia local se le ha dado dos ordenanzas: El bautismo y la Mesa del Señor (Hechos 2:38-42). El bautismo cristiano por inmersión (Hechos 8:36-39) es el testimonio solemne y hermoso de un creyente mostrando su fe en el Salvador crucificado, sepultado, y resucitado, y su unión con Él en su muerte al pecado y resurrección a una nueva vida (Romanos 6:1-11). También es una señal de comunión e identificación con el Cuerpo visible de Cristo (Hechos 2:41-42).

Enseñamos que la Mesa del Señor es la conmemoración y proclamación de su muerte hasta que Él venga, y siempre debe ser precedida por una solemne evaluación personal (1 Corintios 11:28-32). También enseñamos que mientras que los elementos de la Comunión únicamente representan la carne y la sangre de Cristo, la Mesa del Señor es de hecho una comunión con el Cristo resucitado quien está presente de una manera única en cada creyente teniendo comunión con su pueblo (1 Corintios 10:16).

Creemos que la salvación es un don de la gracia de Dios. No puede ser comprada ni hecha más segura por obras meritorias, sino que es otorgada gratuitamente a todos los que ponen su fe en la obra consumada por Jesucristo en el Calvario (Jn. 1:12; Ef. 1:7; Efesios 2.8-10).

Regeneración

Creemos que la regeneración es una obra sobrenatural del Espíritu Santo mediante la cual la naturaleza y vida divinas son dadas (Juan 3:3-7; Tito 3:5). Es instantánea y llevada a cabo únicamente por el poder del Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios (Juan 5:24) cuando el pecador arrepentido, al ser capacitado por el Espíritu Santo, responde en fe a la provisión divina de la Salvación. La regeneración genuina es manifestada en frutos dignos de arrepentimiento que se muestran en actitudes y conducta justas.

Justificación

Creemos que la justificación ante Dios es un acto de Dios (Ro. 8:33) por medio del cual Él declara justos a aquellos que por la fe en Cristo se arrepienten de sus pecados (Lc. 13:3; Hch. 2:38; 3:19; 11:18; Ro. 2:4; 2 Cor. 7:10) y han confesado a Cristo como su Salvador y Señor soberano (Ro. 10:9-10; 1 Corintios 12:3; 2 Corintios 4:5).